Un cazador fue al bosque a cazar. Parece que le dio suerte aquel día, y encontró una madriguera de lobos. Llevaba una escopeta. Entró sigilosamente sin hacer ni un ruido. Allí adentro encontró las crías con la madre. Sin dudar mucho los mató.
Volvió a casa alegre de haber conseguido lo que quería. En casa le esperaban su mujer y su querida hija. En ese momento del bosque escuchó un aullido muy fuerte pero... muy triste. El hombre comprendió que el lobo. El padre de aquella familia que mató.
Sin darle mucha importancia a aquello se fue a dormir pronto.
Se despertó del grito de su mujer. Se levantó corriendo y directamente se dirigió hacia la entrada. Allí vio a su mujer llorando. Cuando salió por la puerta vio un enorme lobo, con colmillos tan grandes que se le salían de la boca. Y a su hija justo a su lado. Al perro le sostenía la correa por lo que no podía llegar hasta el.
En aquel instante el hombre comprendió. Era el padre de aquella familia que mató. Sus miradas se cruzaron. En los ojos de lobo se veían ganas de venganza. Se acercaba poco a poco hacia la niña.
El hombre cayo de rodillas llorando. Entendió que no podía salvar a su hija. Que la había perdido...
Pero entonces el lobo se dio la vuelta y se fue. Sin haberle hecho nada a la niña. Ni a nadie mas.
Así sin haber matado a nadie, el lobo le demostró al hombre que se puede pasar aquel dolor que sintió el mismo cuando se encontró a su familia muerta. Así el hombre aprenderá, que no siempre la venganza puede ser la violencia.
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